La vida da grandes sorpresas, unas buenas y otras malas, que muchas de las veces no se puede hacer nada, simplemente aceptar y dejar que las cosas sucedan como tienen que suceder.

Quizá para muchas personas, es una idea descabellada, loca o exagerada pero espero que algún día, puedan entender. Perder a un ser querido es doloroso, se siente que parte de nosotros, se va con aquel ser. Y no, no he perdido a un familiar, perdí a una de mis mascotas.

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“Cafecito” con tres meses de edad.

Algunos pensarán que el simple hecho de que no hablen o den un abrazo, son simplemente animales. Para mí son mucho más que eso, los quiero como hijos, si puede que esté exagerando pero es lo que siento.

Desde que era pequeña, a mis abuelitos les encantaba tener sus animales, es por ello, que crecí en un hogar rodeada con estos seres.

El miércoles pasado me llevé una sorpresa triste y desagradable a la vez. En la noche, llegando de clases, me encontré en el camino a “Cafecito”, así lo llamé, mi perro, quien yacía sin vida. A lo lejos noté su cuerpo, creí que estaba confundida o algo, pero cada vez que me iba acercando, solo pude comprobar que se trataba de él. No sé las circunstancias de su muerte, ni cuánto tiempo llevaba así, cuando lo moví, se encontraba frío y sin ningún síntoma de vida.

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Después de haber recibido un baño.

Fue un acontecimiento que me tomó por sorpresa. Cuando llegué al mediodía a almorzar, estaban todos bien, comieron, jugaron y se fueron a dormir. Tenía que regresar a clases y no me imaginé que podía pasar algo así. Ese día fue la última vez que lo vi correr y jugar, no alcancé a despedirme de él, como tenía que hacerlo.

Mis perros son quienes me acompañan en todo momento, sin necesidad de decir algo, están en las buenas y malas, con su compañía me siento bien y no me encuentro sola. Por esta razón, me duele que se haya tenido que ir de manera inesperada.

Lo que le puedo decir a “Cafecito” es que me hace falta, lo extraño mucho, espero que se encuentre en un mejor lugar donde esté feliz, jugando, corriendo de aquí para allá, como lo sabía hacer. Gracias por tu cariño, travesuras y compañía incondicional. Te quiero mi “Cafecito”. ¡Hasta siempre!

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“Cafecito” con siete meses de edad y una de sus últimas fotos.